Ciudadanos al borde del precipicio

Aprender del pasado, sobre todo si es reciente, requiere su buena dosis de humildad. No hacerlo implica, no sólo soberbia, sino ceguera, que es lo que produce ésta. Según parece ni Rivera ni Ciudadanos lo quieren ver: soberbia, soberbia… ¿o estupidez?

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El 8 de julio de 1976, Ricardo de la Cierva publicó en El País, un artículo titulado “Qué error, qué inmenso error”, en el que desaprobaba la elección de Adolfo Suarez, como presidente, por el rey Juan Carlos, entre la terna que le presentaron las Cortes franquistas. Eso no impidió que posteriormente, Ricardo de la Cierva, fuera diputado por UCD, el partido de Suárez, y que llegase a ser Ministro de Cultura desde enero de 1980​ a septiembre de ese mismo año. ¿Fue su artículo un error o un acierto premonitorio? La realidad es que Adolfo Suarez fue, en su primera etapa, un excelente negociador. Sin embargo, después, dejó muchas sombras sobre su firmeza como garante del orden público, en particular tras la ley de Amnistía de 1977. La Constitución y el Estatuto Vasco, nacieron sobre tierras ensangrentadas, que hicieron brotar el 21-F. La tolerancia ante el desorden fue un gravísimo error, que aún no se ha enmendado.

En la época de Franco se hacían muchos chistes sobre él y sus discursos. Había uno en el que, Franco, supuestamente decía: “españoles, españoles, hace 20 años estábamos al borde del abismo. Hoy, afortunadamente, hemos dado un paso al frente”. Sin embargo, la realidad, querámoslo o no, es que Franco evitó que España se convirtiese en una dictadura soviética y que, además, tras un periodo de restauración inicial de los terribles destrozos de la guerra, tomó una senda de desarrollo económico y social, valorada muy positivamente por los españoles, como quedó demostrado por el voto mayoritario que dieron al Presidente Suárez, ex Secretario General del Movimiento, en las dos primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco.

La época de la transición a la democracia, se emprendió con altura de miras y con un espíritu muy generoso, que hoy 40 años después no parece haber llegado a buen puerto. Eso dio lugar a que un desnudo Albert Rivera, valientemente, iniciara en 2006, su lucha ante lo que veía venir, un independentismo que iría a por todas y que no respetaría la democracia constitucional. Su valor y su perseverancia dio fruto y, desde 2015, su partido se ha expandido por toda España y presenta visos de llegar a gobernar. No obstante, puede, si se equivoca, seguir el camino de UPyD. Debe tener claro quiénes son los enemigos y no debe confundirlos con los adversarios. No debe olvidar que su paso a la política nacional se basó en su clara posición ante el independentismo, que hoy sigue humillando a España, al multar a los españoles catalanes por rotular en castellano. Ese enemigo sigue siendo el mismo y ha influido de forma importante en el voto en Andalucía. También hay otro enemigo genérico, el desorden, que es el que han sufrido y sufren los padres de Rivera y muchos otros catalanes. Y ese enemigo se ve también reforzado por una inmigración descontrolada a la cual se han enfrentado claramente Italia, Hungría, varios países del Este y la propia Gran Bretaña. El slogan de “Welcome refugees” suena muy bonito, pero ¿a cuántos alberga Manuela Carmena en sus casas? Jose Mota y Santiago Segura lo bordaron en su excelente teatralización, tan difundida en YouTube. Ser humanitario no es decir que vas a suprimir las concertinas en la valla de Melilla para, a continuación, reforzarlas, como ha hecho el tándem Sánchez/Marlasca. Hay que ofrecer soluciones sostenibles y no hacer demagogia. La disparidad de opiniones es una confrontación política correcta. La mentira, el engaño, la demagogia son enemigos, no adversarios. También contribuye al desorden la ruptura, que hizo Zapatero del espíritu de la transición, con su sesgada ley de Memoria Histórica de 2007, que la Junta de Andalucía, en 2017, ha ampliado y profundizado.

¿Qué haría Ciudadanos respecto a estos graves problemas si llegara a la Presidencia del Gobierno español? Los españoles tomaremos nota de lo que haga en Andalucía.  ¿Qué prefiere hacer, optar por el PSOE de Pedro Sanchez, y sus apoyos independentistas y proetarras, o por el PP y VOX? Sería triste para España, pero Cs no puede pensar en gobernar la Alcaldía de Madrid con el apoyo de Vox y a la vez marginarlo en Andalucía. Cs no puede ante Vox tener como estrategia ganar-perder en la que a Vox sólo quepa la segunda parte. No puede descalificar a Vox porque sea de “ultraderecha” al igual que los españoles no descalificamos a Rivera por salir desnudo. Si Cs discrepa de Vox debe dejar claro en qué. Si no lo hace se expone, y nos expone a todos, a que Vox se vea obligado, en nombre de sus votantes y de sus principios, a no dar su apoyo al gobierno excluyente y bipartito que Cs pretende para Andalucía. Esa situación desembocaría probablemente en nuevas elecciones andaluzas, ante las cuales la izquierda se movilizaría a tope y podría hasta ganarlas. Ciudadanos está al borde del precipicio. Lo que haga en Andalucía puede ser su paso al frente porque 2019 y 2020 van a ser años de numerosas e importantes elecciones en España. El PSOE ha pagado, y pagará, lo que está haciendo en Cataluña. A Ciudadanos le afectará, en gran medida, la actitud que tenga en Andalucía.

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